La “Cabalgata” o “Convite”, acto matinal que precede a la Solemne Procesión, es llamada también la “Degollà” y data de tiempos más modernos que la propia Procesión vespertina, aunque se tiene constancia escrita de su existencia al menos desde 1516.
Su celebración se ha visto sometida a multitud de modificaciones y altibajos en el interés que susctiaba, hasta el punto de haber sido suprimida de los actos alrededor del Corpus en no pocas ocasiones. La cabalgata en sí consistía, desde su misma instauración, en una invitación por parte de los Jurados de la Ciudad, por medio del “Capellà de les Roques”, a las autoridades y al pueblo llano para que asistiesen a la Solemne Procesión del Corpus Christi, a celebrar a media tarde. Desde hace más de una decada ha sido recuperada de la que se efectuaba a finales del siglo XVIII. Es por ello que no sorprende poder contemplar en esta cabalgata a muchos de los personajes y figuras que desfilarán en la Procesión por la tarde, deleitando al respetable a lo largo de su recorrido -desde la Plaza de Manises, pasando por la calle Caballeros, la Plaza de la Reina, calle Cavillers, calle Avellanas, Plaza de la Almoina y final en el Palau.
Puntos álgidos de la “Degollà”, con el componente común siempre de la danza al ritmo del “tabal” y la “dolzaina” -a los que podríamos considerar, sin miedo a equivocarnos, como la auténtica voz de la valencianía hecha música- son la dansà de la “Magrana” -granada en valenciano-, los “Nanos” -seis cabezudos cuya danza responde a un estricto guión coreográfico que acaba con la “Xaquera Vella”- o de la “Moma” y els “Momos”, representación de la Virtud y los siete pecados capitales que, al acecho de la gran dama blanca, intentan tentarla para que abandone su condición inocente. Els Caballets, Arquets, Pastorets… Todos ellos han lucido en esta soleadísima mañana del 14 de junio gracias a un Sol más valenciano que nunca, temeroso quizás de que una repetición de las inclemencias del año pasado diera de nuevo al traste con la ilusión de un pueblo, el valenciano, que necesita como nunca olvidarse de crisis y otros sinsabores.








