Durante la mañana del pasado domingo, día 25 de octubre, la Agrupación de Fallas del Marítimo rindió homenaje a la Reial Senyera como colofón a su “Octubre Cultural al Marítim”, en un acto que arrancó en el emblemático Mercat del Cabanyal y culminó en la plaza de Juan Antonio Benlliure, junto a las Atarazanas.
Detrás quedaba todo un mes -los actos comenzaron justo el pasado 25 de septiembre- de actos y celebraciones que han dejado de manifiesto el profundo arraigo cultural valenciano y fallero de la auténtica “fachada marinera” de la ciudad de Valencia. Así, la soleada mañana de domingo llevaba el olor a salitre, arena y mar como caricia a los componentes de comisiones, Junta y Cortes que llenaron la avenida del Mediterráneo, “el carrer de la Reina”, J. J. Dómine y demás vías míticas del Cabanyal de color, olor y sentir fallero hasta llegar a los mismos pies de las Atarazanas frente a las cuales ya esperaba una gigantesca reproducción de la Senyera, enseña y símbolo de unión de todos los que nos sentimos parte del pueblo valenciano.
La Banda Sociedad Musical de la Unión de Pescadores, así como varios grupos de tabal i dolçaina, daban soporte musical autóctono al pasacalles, como no podía ser de otra forma para que realmente se respirara valencianía por todo rincón, calle, plaza y recoveco del Cabanyal, Canyamelar, Grao… Los aplausos del público en no pocos tramos del pasacalles cerraba la composición sonora del evento tricolor -blau, groc i roig- del domingo de finales de octubre, recién regalados 60 minutos de descanso la noche anterior.
Acabado el pasacalles, las Reales Atarazanas del Grao eran el marco escogido para el acto de homenaje a la enseña de todos los valencianos, ante la presencia de los concejales Félix Crespo, Francisco Lledó, Pilar Calabuig y Chelo Orias, todos ellos en torno a la valencianía sencilla de la gente de la calle que, en la persona del Presidente de la Agrupación, Manuel Aradilla, acompañado naturalmente por nuestras flamantes Falleras Mayores 2010, Mª Pilar Giménez y Ariadna Galán, izaba su bandera en un mástil de dimensiones gigantescas para presidir la plaza y el Marítimo entero.
Y claro, todo acto que quiera ser denominado fallero debe, y no fue ésta la excepción, acabar con el Himno Regional y el Nacional, cantado el uno y sentido el otro con el corazón fallero abierto, para relajar el ánimo con una mascletà que diera a los sentidos el aroma con el que todos gustamos volver a casa, con la pólvora aún merodeando por nuestros pulmones.
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