Brumas mercedianas llegaron al castillo dels Aluders en la noche del 31 de octubre con el objetivo de atormentar a las inocentes almas del centro histórico de Valencia. Murciélagos, telarañas y toda suerte de seres de otra dimensión tomaron el Casal de la Falla Plaça de la Mercé para poseer los cuerpos de sus falleros y falleras y, con ellos, montar una auténtica “Santa Compaña” que sembrara el terror por todo el barrio.
Hay quien dice que ésta es una fiesta extranjera, que si tal, que si Pascual… Nosotros sólo sabemos que, si es fiesta y sirve para divertirse, pues buena es… ése es el carácter valenciano, claro que sí. Así que, disfrazados y dispuestos a pasar una noche inolvidable, falleros, falleras, falleritos y falleritas de La Mercé nos dispusimos a cenar todo tipo de “manjares” de ultratumba que hicieron las delicias de tan ilustres comensales…
Los hubo que hasta quedaron convertidos en Ninot (mirad las fotos y buscad al Ninot de Falla que no es tal, a ver si descubrís quién es). Las apetecibles viandas pasaban desde los dedos de muerto con puré blanco de sesos (que a la postre resultó ganador del certámen tétrico-gastronómico), pasando por animales muertos, gusanos sangrientos o la fabulosa coca de botifarra de sangre de vampiro defenestrado.
Con las tripas llenas, llegó la hora de los cafeses, pasteles y licorcillos varios, y los hados tuvieron a bien premiar a los mejores disfraces, los peores (esos fantasmas ensabanados ya no se llevan, chicos), el mejor plato terrorífico… Todo eran risas, fotos y parabienes entre el personal asistente pero… ¡Ay! Los fantasmas del castillo -ya sin bolas ni cadenas, pero armados con un micrófono y un sinpar sistema de altavoces- nos llamaron al patio de armas para cumplir con la “maldición”: competir con los demás espíritus en tétricos juegos preparados por ellos hasta quedar rendidos de cansancio.
Así, tuvimos que convertir a dos de los nuestros en momias utilizando el papel que caía en nuestras manos (echamos en falta aquél del Elefante, tan duro él), demostrar la fuerza de nuestros colmillos mordiendo manzanas que flotaban en el aire sujetas por fuegos fatuos o bailar al son de Thriller, ahora que Miguelito Jackson ya está con nosotros…
Al final, el cansancio hizo mella en los espíritus más arcanos -si es que la edad es lo que tiene- y poco a poco fuimos cayendo víctimas de las primeras luces de la mañana. Era la hora de volver a nuestros ataúdes ya que, como es sabido, la luz del Sol no nos sienta nada bien. Aquí os dejamos unas pocas imágenes de tan terrorífico evento para que caigáis presa del pánico.
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