Que la Falla de la emblemática Plaza de la Merced nos tiene acostumbrados a unos belenes preciosos, no es ya ninguna noticia. La dedicación y cariño con el que hasta el más pequeño de sus falleros se entregan a la tarea, tampoco lo es. Es algo que se repite año tras año.
Lo que sí es una novedad es la extrema dificultad del material elegido este año -el fieltro para las figuras, casas, animales y vegetación y tela de saco para la base del suelo y las montañas- en el proceso de construcción de los elementos. Ahí teníamos huertas completas con coles de bruselas y otras hortalizas, realizadas con un detalle y una maestría realmente asombrosas, o los cántaros de la alfarería, los panes y demás viandas de la panadería, las lavanderas, el habitual “caganer” y su complemento, “el pisaor” (con chorrillo y todo)… Todo ello conjugado con un juego de luces realmente hermoso y un río con agua real cuyo candencioso caudal permite mover la noria y un molino, con su burrito dando vueltas y todo. Aún estamos buscando un solo rincón del gran espacio ocupado por el Belén en el que no haya un personaje, una escena o un detalle enternecedor y rebosante de amor por la Navidad.
Felicidades, falleros. Habéis realizado, un año más, un trabajo encomiable. Desde aquí invitamos a todo el mundo a visitar y contemplar, por las tardes de 18 a 20 horas, este estupendo Belén en la calle Aluders, 6 bajo.
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