Ya esperando a las representantes de la belleza valenciana en el Palau de l’Exposició veíamos venir una calurosa tarde, y no sólo por las elevadas temperaturas -que también- sino por la expectación, la gran cantidad de curiosos que, desde primera hora de la tarde, se apresuraban a vivir la fiesta con mayúsculas del Color, la Fragancia y la Elegancia ofrendadas para hacer del verano en Valencia un crisol de sentidos.
Color: el naranja de los clavellones, el rojo casi inevitable de nuestra alcaldesa, el blanco de la “peineta” que corona el puente de Calatrava y que sirvió de fondo al sin par cuadro ofrecido por las carrozas; Fragancia: ni qué decir tiene que los miles y miles de flores que volaron por los aires de la Alameda llenaron la atmósfera de un aroma tan característico como añorado, tras un año de espera; Elegancia: la que nuestras señoritas y niñas desplegaron por doquier moviendo nuestros corazones a sentir el orgullo indescriptible provocado por la muestra de belleza, saber estar y ternura que las capacita para encarnar la mujer valenciana, sin igual en confín alguno del Globo.
Y Ciberfallas, como no puede ser de otra forma, disfrutando a pie de calle la fiesta desde dentro, desde el corazón mismo de la batalla, en su fragor máximo y viviendo como valencianos esta maravillosa “guerra” de colores y olores. Y si no, mirad, mirad…
Fotos: Luis Calderón
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